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Vacunarse está a solo un mordisco

Los avances en biotecnología han permitido generar diferentes estrategias en el diseño de vacunas. Por ejemplo, la posibilidad de producir alimentos que al ser consumidos produzcan reacciones defensivas ante enfermedades.

Vacunarse está a solo un mordisco

Mediante la vacunación se activan las defensas naturales del organismo, despertando una gran respuesta de nuestro cuerpo para poder hacer frente a enfermedades dañinas, antes de entrar en contacto con ellas. Este mecanismo ocurre al detectar unas moléculas extrañas, procedentes de virus o bacterias, llamadas antígenos.

Las vacunas tradicionales presentan algunos inconvenientes que dificultan su aplicación masiva, sobre todo en países en desarrollo. Al igual que son caras de producir, generan desechos biológicos, pueden generar reacciones adversas y presentan problemas de almacenamiento y transporte. En la actualidad, los avances en biotecnología han permitido generar diferentes estrategias en el diseño de vacunas para solventar este tipo de problemas. Por ejemplo, la posibilidad de producir alimentos que al ser consumidos produzcan reacciones defensivas ante enfermedades. De esta manera, podemos permitir que las propias plantas se conviertan en medicamentos comestibles. En este sentido, para actuar contra la gripe podríamos masticar una mazorca de maíz fresco y dulce, evitando las inyecciones. Con esta técnica se han llegado a elaborar plantas transgénicas que incorporan vacunas frente al rotavirus, el cólera o la hepatitis B, entre otras.

El término vacunas comestibles fue utilizado por primera vez en 1990. Suelen aplicarse como vacuna las partes comestibles de las plantas como las hojas, frutos o tubérculos modificados genéticamente o infectados con un virus vegetal con el fin de que produzcan antígenos de un patógeno, ya sea virus o bacteria, contra el cual se desea proteger a una persona o animal. Las vacunas comestibles son plantas modificadas genéticamente, en ellas es posible introducir y expresar genes de distinto origen, pudiendo producir así inmunidad adicional para enfermedades específicas. Para modificar estas plantas, se utilizan distintas técnicas de transformación, todas ellas con la misma finalidad: integrando en el genoma de la planta genes del microorganismo frente al que se desea vacunar.

Las vacunas comestibles ofrecen muchos beneficios sobre las vacunas tradicionales, como que ofrecen un menor coste de fabricación, no requieren de instalaciones de producción esterilizadas, son más fáciles de almacenar y, además, no requieren de personal médico especializado. Además, les sirve como alternativa a las personas con fobia a las agujas. Se ha demostrado que hasta 2 de cada 3 niños y 1 de cada 4 adultos tienen mucho miedo a las inyecciones. Otro beneficio, es que las vacunas tradicionales se producen a través de células de mamíferos que pueden provocar contaminación con virus animales. Sin embargo, las vacunas comestibles eliminan el problema, ya que los virus de plantas no afectan a los humanos. Por último, cabe destacar la falta de efectos secundarios de las vacunas comestibles, ya que carecen de ciertos compuestos tóxicos, solo contienen proteínas terapéuticas libres de patógenos y toxinas.

Sin embargo, frente a estos beneficios existen limitaciones, ya que estas vacunas son nuevas y están en desarrollo. Será necesario que se sigan realizando investigaciones antes de que puedan usarse en humanos. Aún no se ha determinado ni la dosis necesaria para completar la pauta de vacunación, ni la frecuencia con que ingerirlas. La dosis dependerá de la concentración del antígeno en el tejido vegetal, además. muchas plantas no se comen crudas y la cocción podría debilitar las proteínas de la vacuna. Por ejemplo, en un estudio se observó que, al hervir una patata durante 5 minutos, esta perdía el 50% de los antígenos generados por la vacuna.

Todavía queda un camino largo para poder desarrollar la vacuna comestible perfecta.

Se han logrado producir proteínas en plantas de tabaco, así como en patata, alfalfa, arroz, trigo, entre otras. Pero ¿qué enfermedades se podrán tratar? Actualmente, se están desarrollando vacunas comestibles para enfermedades como el sarampión, el cólera, la fiebre aftosa en patatas, o para la hepatitis B en bananas o tomates. También, se están haciendo estudios para una vacuna contra el COVID-19. ¿Te imaginas que la siguiente dosis de la vacuna la obtengas comiendo un tomate? Esto que ya está en desarrollo por diferentes biotecnólogos, solventaría el problema a las personas que tienen fobia a las agujas, salvo que no les guste el tomate…

Con todo lo mencionado anteriormente, hemos comprobado que las vacunas comestibles son una realidad más cercana de lo que se cree, pero ¿hasta qué punto pueden sustituir a las vacunas convencionales?

Ambas presentan grandes ventajas, pero, dependiendo de la situación, una será más beneficiosa que la otra. La administración de vacunas comestibles es una buena alternativa en casos de vacunación masiva. A la hora de vacunar a la población de países en desarrollo, se podría conseguir de una forma económica y accesible cierta inmunidad frente a distintas enfermedades de gran importancia. Sin embargo, este método sigue en constante desarrollo e investigación, buscando conseguir un equilibrio entre sus beneficios y riesgos.

Las vacunas comestibles podrían salvar muchas vidas, y tal vez algún día dejar un delicioso sabor de boca.

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