Ketamina para disminuir la atracción hacia las bebidas alcohólicas: qué es y cómo actúa

¿Quieres dejar de beber alcohol pero no sabes cómo? ¿Sufres problemas con la bebida? Aunque es cierto que puede sonar como un camino poco probable hacia la abstinencia, lo cierto es que los científicos han descubierto que un tratamiento que incluye una inyección única de ketamina sería capaz de ayudar a los grandes bebedores a […]

¿Quieres dejar de beber alcohol pero no sabes cómo? ¿Sufres problemas con la bebida? Aunque es cierto que puede sonar como un camino poco probable hacia la abstinencia, lo cierto es que los científicos han descubierto que un tratamiento que incluye una inyección única de ketamina sería capaz de ayudar a los grandes bebedores a reducir, de forma ciertamente sustancial, el consumo de alcohol. Y, más concretamente, ayudaría positivamente a la hora de disminuir la atracción que se siente hacia las bebidas alcohólicas. Te comentamos más acerca de este sorprendente e interesante hallazgo.

Ketamina para disminuir la atracción hacia las bebidas alcohólicas

Los científicos que han llevado a cabo la investigación han sido claros en este sentido. Y es que, según parece, la ketamina (que consiste en una droga recreativa y tranquilizante habitualmente utilizada para animales), podría aprovecharse para “reescribir” los recuerdos relacionados con las bebidas alcohólicas. Así, estos hallazgos podrían plantear la posibilidad de que, la terapia médica en un futuro no muy lejano, pueda convertirse en una forma completamente nueva de tratamiento para la adicción al alcohol.

De acuerdo a los responsables del estudio, al parecer cuando se utilizó una única inyección de ketamina, se observó una caída muy grande, la cual se mantuvo o mejoró notablemente incluso transcurridos nueve meses después del tratamiento. De hecho, los propios científicos se vieron sorprendidos tras comprobar lo suficiente efectivo que fue el tratamiento.

El estudio se inspiró en una creciente evidencia de que la ketamina podría utilizarse para alterar los recuerdos. En el caso de la adicción, por ejemplo, los recuerdos pueden ser capaces de generar patrones de comportamiento dañinos. Así, cuando alguien aprende a asociar un determinado desencadenante ambiental con la necesidad intrínseca de tomarse una copa.

Cada comportamiento se encuentra codificado en nuestros recuerdos. Y una conclusión a la que han llegado muchos expertos en este sentido es que muchos de estos hábitos y recuerdos inútiles pueden ser potencialmente desaprendidos.

En este estudio en concreto participaron un total de 90 personas, quienes presentaban peligrosos niveles de consumo de alcohol, pero no tenían un diagnóstico formal de trastorno por consumo de alcohol. En promedio, bebían cerca de 74 unidades de alcohol por semana, lo que equivaldría a cerca de 30 pintas de cerveza (cinco veces por encima del límite recomendado). Dicho sea de paso, todos eran principalmente bebedores de cerveza.

El primer día, se colocó un vaso de cerveza frente al participante, y se les dijo que se les permitiría tomárselo luego de observar algunas imágenes de cerveza, y personas bebiendo. Así, luego de esta actividad se les permitió beberse la cerveza. Pero el segundo día, cuando se repitió la misma rutina, la cerveza fue retirada antes de que pudieran tomársela.

Ketamina y menor consumo de alcohol

¿El motivo? Se sabe que eliminar de forma inesperada una recompensa anticipada interrumpe temporalmente las asociaciones aprendidas. Normalmente la memoria tiende a reestabilizarse en los minutos y horas posteriores a la experiencia. Pero la ketamina, sin embargo, es capaz de bloquear un receptor cerebral conocida con el nombre de NMDA, necesaria para la formación de recuerdos. Por tanto, los científicos esperaban que este corto período de inestabilidad representara una ventana a modo de oportunidad para reescribir permanentemente los recuerdos relacionados con las bebidas.

En el estudio, una vez que la cerveza fue retirada, algunos de los participantes recibieron una inyección de ketamina, mientras que otros recibieron una inyección de placebo. Por otro lado, un tercer grupo recibió la ketamina, pero sin llevar a cabo ningún tipo de intervención psicológica.

Y el método pareció ser ciertamente exitoso. Así, durante un seguimiento que duró 10 días, las personas que recibieron ketamina combinada con la intervención psicológica mostraron reducciones significativas respecto a su impulso de beber, tomar menos alcohol y, por ende, consumieron menos días en comparación con los otros participantes del estudio.

El efecto se mantuvo durante un seguimiento de nueve meses. Los tres grupos disminuyeron su consumo de alcohol, pero quienes recibieron la terapia con ketamina observaron una mejora general muchísimo más pronunciada, reduciéndose a la mitad su consumo semanal promedio de alcohol durante los nueve meses que duró el seguimiento.

Ketamina para disminuir la atracción hacia las bebidas alcohólicas: qué es y cómo actúa
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