Factores de la distribución de los seres vivos: geológicos y biológicos

Los factores climáticos ejercen una enorme influencia en la distribución de las especies. Esta distribución no puede llegar a entenderse si no se tienen en cuenta todas las circunstancias y elementos que alteran la distribución. Factores y circunstancias Las circunstancias y elementos son numerosos: Geomorfológicos. Rasgos que constituyen los topoclimas, la escorrentía, formación de suelos […]
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Los factores climáticos ejercen una enorme influencia en la distribución de las especies. Esta distribución no puede llegar a entenderse si no se tienen en cuenta todas las circunstancias y elementos que alteran la distribución.

Factores y circunstancias

Las circunstancias y elementos son numerosos:

Geomorfológicos. Rasgos que constituyen los topoclimas, la escorrentía, formación de suelos y otros elementos importantes para los seres vivos. Altitud, exposición, pendientes, etcétera.

Edáficos. Suelos más o menos productivos, que a su vez son tributarios del clima y el sustrato, ácidos o alcalinos o la presencia de sustancias que pueden influir en el mundo vegetal

Hidrológicos. Tienen habitualmente agua en una zona en la que escasea, como por ejemplo un humedal.

Los seres vivos son interdependientes entre sí. La ausencia de especies determinadas puede llegar a impedir o a favorecer la presencia de otras. La distribución de los seres vivos es dependiente de una serie de factores que se llaman bióticos y tienen que ver con la relación que los diferentes taxones tienen entre sí en el ecosistema.

Los seres vivos presentes en el ecosistema están relacionados entre ellos creando una red de interacciones y autorizando la existencia de flujos de materia y energía. Esto es lo que proporciona hablar de la presencia de cadenas y ciclos de energía y nutrientes.

Distribución

Los productores primarios, como los vegetales y algunas bacterias, sintetizan la materia orgánica a través de la mineral. Estos productores sirven como alimento a los animales y éstos, a su vez, suministran recursos a los descomponedores como los hongos u otros microorganismos.

Los vegetales son un productor primario imprescindible, por ello forman la base de casi todas las cadenas tróficas. Donde no existen vegetales no es posible la vida animal. Los animales también intervienen en la composición de los vegetales a través del pastoreo o las heces, con ello favorecen el crecimiento y extensión de algunas especies.

Las heces de los animales pueden contener semillas que han sido ingeridas por ellos. Esta polinización y transporte de semillas son llevadas a cabo en muchas ocasiones de esta manera.

Actualmente, el ser humano es el principal causante de la alteración en las especies. La deforestación y sobreexplotación de ciertos elementos obligan a la dispersión y desaparición de algunas especies.

El vínculo existente en el ecosistema puede suponer una gran complejidad: los predadores y los parásitos necesitan de sus presas y los efectivos de unos a otros conservan un estrecho vínculo del que dependen otros seres vivos asociados a ellos.

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Los organismos que se instalan inicialmente en un entorno vacío son los pioneros. Éstos casi siempre son musgos, líquenes, algas o hierbas. La evolución que desempeñan es lenta porque se tienen que enfrentar a entonos hostiles. Gracias a ellos el terreno se va preparando para recibir a otras especies vegetales superiores y más exigentes. Las raíces de este grupo son más grandes y fuertes, tienen mayor biomasa y aportan más materia orgánica. Con esto último benefician la proliferación de microrganismos en el suelo.

Colonización y evolución

La vegetación suele colonizar de forma natural superficies vacías en sucesivas etapas. Evolucionan con formaciones similares a las originales y a veces variando adaptándose al lugar.

Esta evolución se puede observar en varios lugares, aunque el ritmo puede ser cambiante según las condiciones:

Los depósitos de ladera formados en lugares fluviales o escombreras son zonas que estimulan la colonización ya rebosan en partículas finas que favorecen la circulación del agua y del aire.

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Una roca desnuda en un acantilado, superficies pulidas o recién abandonadas por algún glaciar, son superficies complicadas de colonizar. Sin embargo, siempre podemos encontrar a los pioneros mencionados antes, esto se alimentan a través de la meteorización existente en la roca, la cual se ha producido por las propias secreciones y por el agua fluvial.

Adecuación de la zona

Las partículas de polvo que se van depositando por el viento, sumándole la labor de los organismos y los restos que van dejando, terminan componiendo un nuevo suelo empezando por una capa de humus. Que la posterior tenga éxito dependerá de varios factores:

De la demanda ecológica de las plantas en cuanto a su pH, a la permeabilidad del suelo, su aireación, etcétera.

Del dominio que pueda establecerse entre ellas, de sus ritmos biológicos, secreción de diversas sustancias, eficacia en la inseminación de semillas o esporas, etcétera.

A medida que los grupos vegetales evolucionan, otras son sustituidas, cuanto más preparado esté el suelo, más grandes serán las plantas nuevas. La cubierta del suelo también evoluciona adaptándose a todo lo que le viene hasta alcanzar el clímax, que es cuando la vida vegetal se encuentra en perfecto equilibrio respecto al clima y el suelo.

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Otro factor que influye, aunque negativamente, es la presión del pastoreo, los incendios, sobreexplotación, etcétera. Cuando éstos disminuyen vuelven a crecer espontáneamente los vegetales.

Secuencias

Todas las secuencias llevadas a cabo hasta ahora pueden ser sustituidas por otras. Existen etapas de plantas herbáceas, de bosque, árboles pioneros, etcétera. No siempre es fácil analizar si una situación es regresiva o progresiva, ya que el ser humano, a menudo, es el responsable de las primeras mientras que la misma naturaleza, va estableciendo las segundas.

Hay que señalar que, en muchos paisajes agrarios se van manteniendo cierto equilibrio que forman grandes ecosistemas antrópicos gracias a su evolución prolongada. Por esa razón, cuando los prados y los pastos son abandonados, suelen desencadenar varios procesos de degradación.

Al cabo del tiempo tras el abandono de esas parcelas, van apareciendo abundantes hierbas y plantas anuales. A medida que va pasando más tiempo empiezan a aparecer arbustos como los brezos, jaras, retamas, rosales, etcétera. Con los años terminan recubriendo toda la superficie haciendo que se desplacen las pioneras, formando árboles que terminan por hacerse con gran parte del espacio.

Cuanto más extenso sea el espacio más lenta y selectiva será la evolución.

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