Escrito por Tendenzias

Enfermedades infecciosas y no infecciosas: higiene y prevención

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) la enfermedad se define como la “Alteración o desviación del estado fisiológico en una o varias partes del cuerpo, por causas en general conocidas, manifestada por síntomas y unos signos característicos, y cuya evolución es más o menos previsible”

Vamos a hablar de las enfermedades infecciosas y no infecciosas y de la higiene y prevención necesarias.

La vida comprende la salud y la enfermedad y existen diversas ciencias que estudian las enfermedades para combatirlas. Por ejemplo la fitopatología se encarga de estudiar las enfermedades de las plantas, la veterinaria aborda las enfermedades que padecen los animales y la medicina es la encargada de estudiar las enfermedades humanas.

Clasificación de las enfermedades humanas

Las enfermedades humanas pueden clasificarse en genéticas, metabólicas e infecciosas.

Las enfermedades genéticas

Las enfermedades genéticas y las metabólicas no están causadas por microorganismos patógenos, las genéticas tienen su etiología en fallos genéticos (ADN) y son heredadas de los progenitores y, las metabólicas consisten en alteraciones del metabolismo y pueden ser adquiridas (el metabolismo deja de funcionar bien) o heredadas.

El grupo de genes que pertenecen a una misma especie se denomina genoma y cada gen contiene la información genética de las personas que recibimos de nuestros padres; los genes son segmentos de ADN que codifican proteínas y contienen los cromosomas, cada célula contiene 23 pares (46 cromosomas).

La combinación de genes exclusiva y única en cada persona, es decir, la información que contienen los cromosomas se denomina genotipo, y consiste en las instrucciones sobre cómo el organismo debe constituirse y funcionar.

Las enfermedades genéticas pueden heredarse o no, estas enfermedades suelen originarse a causa de una alteración en los genes (mutación) que origina cambios en el material genético (ADN), es decir, se produce un cambio en la forma de actuar de una o varias proteínas.

Las enfermedades metabólicas

El metabolismo es el conjunto de los procesos fisicoquímicos y reacciones bioquímicas que se producen en las células y en los organismos, es gracias a estos procesos por lo que se obtiene la energía necesaria a través de los alimentos.

Las enfermedades metabólicas suelen aparecer a causa de reacciones químicas no apropiadas que interrumpen el proceso de transformaciones químicas por medio de las cuales se renueva el organismo.

El metabolismo tiene lugar en las células, pero la glándula tiroides es la que regula el ritmo de las actividades del organismo (está situada en el cuello y produce hormonas que influyen en el metabolismo y el crecimiento), cuando algo no funciona bien en esta glándula endocrina, todo el organismo se ve afectado. Cuando no segrega hormonas suficientes, se produce hipotiroidismo y el organismo se ralentiza, en cambio cuando produce demasiadas hormonas ocasiona hipertiroidismo y el organismo se acelera demasiado.

En el hígado tienen lugar los procesos de transformación metabólicos, como la síntesis de la glucosa, y de las proteínas esenciales para el organismo como la albúmina, la haptoglobina o el fibrinógeno.

Otras enfermedades metabólicas son la diabetes, la dislipemia, la hipolipidemia, la galactosemina o la fenilcetonuria.

Las enfermedades infecciosas

Las enfermedades infecciosas, son causadas por un organismo extraño capaz de ocasionar una enfermedad, como las bacterias, virus, parásitos u hongos. Generalmente estos microorganismos son denominados microbios o gérmenes, cuando son los causantes de la enfermedad se llaman “agentes patógenos”.

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Algunas enfermedades infecciosas son: gripe, resfriado, hepatitis, herpes, paperas, sarampión, tuberculosis, botulismo, brucelosis, salmonella, candidiasis, ántrax, etc.

La higiene y las enfermedades infecciosas

La higiene es la parte de la medicina que tiene como propósito la promoción de la salud, su conservación y la prevención de las enfermedades infecciosas, tratando de reducir los organismos dañinos por medio de la limpieza y la esterilización.

La falta de higiene en el hogar, sobre todo al cocinar puede provocar que las bacterias infecten la comida y que las personas se intoxiquen.

Cuando una persona se intoxica con un alimento contaminado, la pared y la mucosa del estómago se irritan a causa de las bacterias, al cabo de unas pocas horas se pueden producir nauseas, vómitos y diarrea, así como distensión abdominal, dolor, fiebre y malestar general.

Las prácticas de higiene más frecuentes son lavarse las manos con jabón, especialmente después de estar en contacto con animales, ir al baño o realizar cualquier otra actividad, limpiar la zona donde se preparan los alimentos, evitar los alimentos crudos o que no estén lo bastante cocinados y hervir el agua que utilizamos para cocinar, o tener en cuenta las fechas de caducidad y la conservación recomendada de los alimentos. Cuando vayamos a comer fuera de casa, también debemos procurar ir a sitios de confianza y tener especial cuidado con las elaboraciones que preferimos, ya que el calor intenso higieniza los alimentos en el proceso de cocinado destruyendo así los microorganismos que pueden provocar enfermedades.

El agua y el jabón descomponen las partículas de suciedad y las eliminan, en múltiples países del mundo se usa estiércol o heces para fertilizar la tierra y, los alimentos o el agua pueden contaminarse, los parásitos intestinales se suelen transmitir al comer alimentos que han sido contaminados con heces o al ingerir carnes o mariscos crudos o poco cocidos.

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Las prácticas higiénicas más importantes para mantener la salud son:

  • Lavarse las manos antes de cocinar o comer.
  • Lavarse las manos después de ir al baño, tocar dinero o manillas de las puertas, pasamanos en sitios públicos, interruptores de luz o tocar animales.
  • No tocarse lo ojos, nariz o la boca y no manipular ningún alimento después de tocar un espacio que pueda estar contaminado, antes lavarse las manos. Usar guantes de protección.
  • Mantener limpias las tablas de cortar y las zonas de preparación de los alimentos.
  • Cocinar suficientemente las carnes y los mariscos, llevándolos a una ebullición de 82ºC (180ºF)
  • Separar los alimentos crudos de los que están cocinados y utilizar distintos utensilios para cada uno.
  • Guardar los alimentos en el refrigerador para retrasar su descomposición.
  • No dejar los alimentos cocinados a temperatura ambiente mucho tiempo.
  • Lavar muy bien las legumbres y verduras que se consumen crudas y las frutas.
  • Evitar el consumo de alimentos que tengan un olor o sabor desagradable, ante la duda es mejor desecharlos.

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