Cuáles son los riesgos de respirar moho

El moho tiende a prosperar sobre todo en ambientes cálidos y a la vez frecuentemente húmedos. Por este motivo suelen aparecer en zonas de la casa que cumplen con estas dos características, como por ejemplo podría ser el caso de los baños, duchas, cocinas, sótanos e inodoros. Además, también puede aparecer en los alimentos, especialmente […]

El moho tiende a prosperar sobre todo en ambientes cálidos y a la vez frecuentemente húmedos. Por este motivo suelen aparecer en zonas de la casa que cumplen con estas dos características, como por ejemplo podría ser el caso de los baños, duchas, cocinas, sótanos e inodoros. Además, también puede aparecer en los alimentos, especialmente en algunos en concreto donde es muy común que surja, como ocurre con el pan, la fruta o el queso. Aunque en algunos casos puede no suponer un problema (de hecho, se utiliza intencionadamente en la producción de determinados alimentos), respirarlo sí puede convertirse en un riesgo para la salud. ¿Y cuáles son esos riesgos? ¿Qué nos puede ocurrir si, por ejemplo, respiramos moho en algún momento?.

Cuáles son los riesgos de respirar moho

Existen diferentes especies de moho, aunque en su gran mayoría tienden a tener un aspecto verde oscuro o negro. De esta forma, una de las variedades o tipos más comunes es el ‘Stachybotrys chartarum’. Aunque se considera particularmente peligroso el conocido como moho negro, el cual puede ser toxigénico, lo que significa que libera toxinas que pueden ser no solo irritantes, sino incluso perjudiciales para las personas, especialmente cuando éstas ya tienen algunas afecciones o enfermedades determinadas.

Las conocidas como micotoxinas, se producen sobre todo a medida que las esporas del moho crecen y comienzan a formar colonias con otras esporas. Así, las altas concentraciones de micotoxinas pueden causar intoxicación por moho incluso en personas completa y perfectamente sanas. Lo que depende no solo de la concentración de las micotoxinas, sino la cantidad de tiempo que el individuo ha estado expuesto a ellas, y otros factores relacionados.

Uno de los riesgos más habituales lo encontramos al respirarlo. Y, para que éste entre a nuestros pulmones, de hecho, no es necesario que nos llevemos el alimento mohoso a la nariz e inhalemos sus esporas. Al contrario, basta con que simplemente se encuentre en el ambiente o en el aire. No obstante, es cierto, lo normal es que al ingerirlo o respirarlo no nos cause ningún tipo de problema, especialmente si disponemos de buena salud, y, en definitiva, nuestro sistema inmunológico se encuentra en buen estado.

Pero el riesgo existe, sobre todo en personas con un sistema inmunológico deprimido, quienes padezcan algún tipo de afección respiratoria, o en el caso de niños y ancianos, pudiendo desarrollar alergias o cualquier otra patología relacionada. En el caso de personas con asma, por ejemplo, podría ocasionar que la reacción sea mucho más severa, no solo causando dificultad para respirar con normalidad, sino también fiebre.

Moho negro

Si surge algún problema lo cierto es que, en la mayoría de las ocasiones, la inhalación o respiración del moho afecta sobre todo al sistema respiratorio superior, surgiendo síntomas como los que suelen aparecer cuando tenemos un resfriado o una gripe.

Pero cuando no se tiene ningún tipo de afección respiratoria, cuando se produce una intoxicación por moho suelen aparecer síntomas como: tos, jadeo congestión nasal, enrojecimiento de los ojos y picazón ocular, así como picazón en la piel.

El problema es mucho más grave en personas con alergias respiratorias o asma, dado que pueden acabar experimentando formas mucho más serias de estos síntomas, como: cansancio, dolor de cabeza, tos frecuente (en especial por la noche), sinusitis, reacciones alérgicas graves, resfriados, fiebre y dificultad para respirar con normalidad.

Por otro lado, la exposición al moho a largo plazo, aún cuando no surjan síntomas inmediatos, puede acabar conduciendo a: ansiedad, confusión, pérdida de memoria, entumecimiento de las manos y pies, dolores de estómago, pérdida del cabello, sensibilidad a la luz, calambres musculares y aumento de peso (sin saber exactamente por qué se produce).

Debes cuidarte muy mucho ante la presencia de moho en casa o en los alimentos si, por ejemplo, tienes alguna de las siguientes afecciones o enfermedades: alergias estacionales o crónicas, asma, alergia específica al moho, fibrosis quística, sistema inmunitario debilitado, trastorno pulmonar obstructivo crónico (EPOC), así como trastornos de inmunodeficiencia.

El riesgo, como hemos visto, es aún mayor en bebés, niños pequeños y ancianos, por lo que es necesario eliminar cualquier punto de moho en casa. Evidentemente, ante la más mínima presencia de moho en el alimento, sobre todo si se trata de pan, lo mejor es retirarlo y no consumirlo.

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