¿Cómo viajaremos por el mundo en 2050?

Tal y como han alertado ya muchas autoridades e instituciones competentes, estamos viviendo una crisis climática sin precedentes. Lo que obliga no solo a tomar cartas en el asunto y, por ejemplo, en el caso de los países tratar de comprometerse verdaderamente para la reducción -al máximo- en los niveles de emisión de gases de […]

Tal y como han alertado ya muchas autoridades e instituciones competentes, estamos viviendo una crisis climática sin precedentes. Lo que obliga no solo a tomar cartas en el asunto y, por ejemplo, en el caso de los países tratar de comprometerse verdaderamente para la reducción -al máximo- en los niveles de emisión de gases de efecto invernadero. También lleva a la obligación de buscar nuevas fuentes de energía, más renovables y limpias. De esta manera, si asimiláramos a la industria de la aviación de la misma manera que si se tratara de un país, se situaría entre los diez principales emisores de dióxido de carbono del mundo. Dicho esto, ¿cómo viajaríamos por el mundo en un futuro?.

Cómo viajaremos por el mundo en 2050

Esto supone que las emisiones provenientes de la industria de la aviación han aumentado enormemente en los últimos años. Concretamente, desde el año 2005 han crecido cerca de un 70 por ciento. Aunque a medida que la demanda crezca en la mayor parte de los países, se prevé que para el año 2050 estas emisiones aumenten entre un 300 a un 700 por ciento.

Sin embargo, lo ideal no es que las emisiones aumenten, sino que se reduzcan, convirtiéndose así en el primer paso para conseguir un sistema muchísimo más sostenibles de viajes internacionales. Pero, ¿de qué forma podría hacerse?.

Se estima que en el año 2017 los vuelos transportaron cerca de cuatro mil millones de pasajeros, y se cree que el viajero promedio realiza ocho vuelos (ida y vuelta). Esto significa que, posiblemente, el racionamiento en el número de viajes pueda convertirse en una alternativa mucho más justa y efectiva.

¿Qué consiste el racionamiento de los vuelos?

El racionamiento consistiría básicamente en asignar a cada persona un número máximo de kilómetros de vuelo cada año. Esta asignación, por ejemplo, podría aumentar cuanto más tiempo esa persona se abstuviera de volar. Por ejemplo, el primer año la asignación sería de 500 kilómetros, y luego, al año siguiente, sería de 1.000 kilómetros, duplicándose cada año.

Así, la compra de un billete para un vuelo de cualquier distancia tendería a restablecer la tasa de asignación al primer año, pero los kilómetros no “consumidos” se almacenarían o guardarían en una especie de “banco de vuelo”, que podrían ser utilizados para un futuro, cuando fueran necesarios.

Por otro lado, podríamos mencionar el importante papel de quienes no utilicen sus kilómetros. Por ejemplo, porque no suelen viajar tan a menudo. En estos casos, cualquier persona que no viaje podría cambiar sus kilómetros de vuelo por dinero, a otra persona que sí los necesite.

Racionamiento de vuelos

Eso sí, aquel que exceda su ración de kilómetros podría ser “multado”, o podría prohibírsele volar durante algún periodo de tiempo.

Por otro lado, las líneas de ferrocarril de alta velocidad igualmente podrían convertirse en una solución para reemplazar muchos vuelos, después no solo de ampliarlas, sino de mejorarlas.

En algunos casos, estos viajes a través del ferrocarril podrían ser tan rápidos como los aviones, pero con una diferencia: serían capaces de emitir un 90 por ciento menos de dióxido de carbono (CO2), en especial en el caso de los viajes en tren con energía solar, que ya son una realidad en algunos países, como por ejemplo es el caso de Australia, donde la empresa Byron Bay Company utiliza paneles solares en trenes, y las plataformas disponen de baterías a bordo. De hecho, ya el año pasado fue capaz de exportar 60.000 kWh.

Por tanto, la combinación de viajes en tren con bajas emisiones de carbono con el racionamiento de los vuelos, ayudaría enormemente a limitar las emisiones a corto plazo. Pero teniendo en cuenta que las personas están acostumbradas a viajar mucho en avión, ¿qué podría reemplazar los viajes en avión tan contaminantes?. Algunos expertos señalan a los aviones comerciales eléctricos.

Aviones eléctricos

Precisamente en el mes de junio de este año fue presentado en París (Francia) el primer avión comercial completamente eléctrico, bautizada con el nombre de ‘Alice’, y que consiguió transportar a 9 pasajeros a 3.000 metros de altura, a una velocidad de 440 km/hora y a una distancia de 1.040 kilómetros. Todo ello a través de una única batería cargada. Se espera que entre en servicio hacia el año 2022.

La cuestión es, ¿será posible que este tipo de vuelos se extiendan a lo largo de las futuras décadas? El tiempo y la tecnología dirán.

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