Biocombustible a partir de algas marinas, ¿es posible?

Durante muchísimo tiempo, el mar se ha convertido en una auténtica fuente de riquezas para la mayoría de los países, y en algunos lugares en concreto, fundamentales para la pesca. Es lo que ocurre, por ejemplo, con Noruega, un país rico en bacalao, salmón de piscifactoría y también petróleo. Sin embargo, desde hace unos años […]

Durante muchísimo tiempo, el mar se ha convertido en una auténtica fuente de riquezas para la mayoría de los países, y en algunos lugares en concreto, fundamentales para la pesca. Es lo que ocurre, por ejemplo, con Noruega, un país rico en bacalao, salmón de piscifactoría y también petróleo. Sin embargo, desde hace unos años algunos investigadores están estudiando acerca de las posibilidades de incorporar las algas marinas a esta lista, con el fin de producir un biocombustible a partir de algas comunes. La pregunta es, ¿es perfectamente posible, y viable?.

Biocombustible a partir de algas marinas

Lo cierto es que la creación de biocombustible a partir de algas marinas es posible, y los científicos se encuentran estudiando acerca de los diferentes métodos para obtenerlo, y sus enormes posibilidades.

Por ejemplo, en enero de 2012 científicos de Berkeley, en California, publicaron en la revista especializada ‘Science’ los resultados de un método que desarrollaron unos años atrás con el fin de crear biocombustibles a partir de algas marinas. Y, según los investigadores, este método convertiría a las algas en un competidor para suministrar al mundo “biomasa renovable real”.

Los investigadores diseñaron genéticamente una nueva cepa de la bacteria E. coli, que podía alimentarse a partir de los azúcares que encontramos en las algas marrones, y transformar esos azúcares en etanol.

Antes de este avance, y a pesar de su crecimiento rápido, las algas no se habían utilizado para biocombustibles, fundamentalmente porque pocos organismos pueden ser capaces de consumir los azúcares que producen las algas. Y, además, la producción de etanol requiere ese consumo de azúcar. Por tanto, para producir biocombustible, las bacterias deben alimentarse del azúcar, que luego transforman en etanol.

Como ya vimos por aquel entonces, muchos consideran que el uso de algas para la producción de biocombustible es un tema ciertamente prometedor, gracias a que solucionaría las limitaciones energéticas que existen en estos momentos acerca de la producción actual de biocombustibles. Y las reticencias que existen sobre ello. Por ejemplo, cuando el maíz es utilizado para la producción de etanol, surgen diferentes debates acerca del uso de la tierra para la creación de combustibles. Por tanto, optar por una fuente de combustible en el océano zanjaría este debate.

Por otro lado, además de evitar preguntas éticas respecto al uso de la tierra, las algas marinas tampoco contienen ‘lignina’, una molécula orgánica muy abundante en la Tierra, y que rompe la compleja red de átomos de carbono que las plantas construyen en el interior de sus diferentes paredes celulares con el fin de ayudar a dar estructura y soporte a las plantas. Su principal ventaja es la que contener muy poca energía, lo que se traduce en que no muchos organismos pueden ser capaces de digerirla, por lo que se vuelve como un elemento disuasorio para los organismos que deseen consumir plantas.

Y como las algas no contienen lignina, en realidad habría una mayor cantidad de biomasa disponible para la producción de etanol. Así, cada unidad de algas marinas contiene más etanol potencial que el maíz, por ejemplo.

Poco tiempo después, investigadores noruegos publicaron sus avances en la revista académica ‘Algal Research’. Lo que supuso un enorme avance, ya que en palabras de los propios estudiosos, si bien es cierto que el petróleo se produce naturalmente en una escala de tiempo geológico, “nosotros podemos hacerlo en minutos”.

Combustible a partir de algas

Para ello, utilizan pequeños “reactores” de tubo de cuarzo, similares a pequeñas pajitas selladas, que contienen una suspensión hecha de biomasa de algas y agua. El reactor es calentado a 350 ºC a una velocidad muy alta, hasta alcanzar los 585 ºC por minuto.

Es una técnica conocida como licuefacción hidrotermal rápida, y le proporcionó a los estudiosos la nada despreciable cifra de un rendimiento de bio-aceite del 79 por ciento, lo que significaba que el 79 por ciento de la biomasa procedente de las algas, y presente en los reactores, se convirtió en bio-aceite.

Un estudio similar, realizado en el Reino Unido, y que utilizó la misma especie de algas, únicamente consiguió un 19 por ciento. Y, según parece, el “secreto” estaría en el calentamiento, que debería producirse muy rápido.

Aunque hoy en día el problema en la producción de biocombustible es la materia prima de biomasa, ahora se produce a partir de biomasa no alimenticia, incluyendo residuos agrícolas, cultivos energéticos terrestres o cultivos acuáticos. Y las algas, según hemos visto, parecen poseer un enorme potencial.

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