Escrito por Tendenzias

El Sol, nuestra estrella

¿Cómo es nuestra estrella? ¿Qué sucede dentro del Sol?

 El Sol, fotografiado en 2000 por SOHO (Observatorio Solar y Heliosférico). Via: NASAESA El Sol, fotografiado en 2000 por SOHO (Observatorio Solar y Heliosférico). Via: NASAESA

 El Sol posee una importancia esencial para toda clase de vida sobre la Tierra.

Su flujo de energía es suficiente para aumentar la temperatura de nuestro planeta a un nivel que hizo posible la existencia de la vida como la conocemos, y su fuerza creó y mantiene el orden del sistema planetario.

Desde el punto de vista astronómico, el Sol constituye un objeto de observación apasionante, ya que es la única estrella cuya superficie podemos estudiar en detalle.

Es lógico imaginar que los fenómenos que se producen en la superficie solar también ocurren en otras estrellas. Ni siquiera cuando observamos las otras estrellas con los telescopios más poderosos que tenemos, pueden aparecer como algo más que puntos luminosos.

En cambio, el Sol se encuentra cerca de nosotros. Su distancia de la Tierra es de unos 150 millones de kilómetros, mientras que la estrella más próxima se encuentra 300.000 veces más lejos.

 Vórtice magnético fotografiado en 2007 por la sonda japonesa JAXA's Hinode. Via: National Astronomical Observatory of Japan Vórtice magnético fotografiado en 2007 por la sonda japonesa JAXA’s Hinode. Via: National Astronomical Observatory of Japan

Nuestra estrella en números

Si se considera el Sol como una estrella, sus dimensiones son relativamente pequeñas. Pertenece al tipo de estrellas a las que se ha dado en nombre de estrellas enanas de tipo G.

Lo característico de esta clase de estrellas es que son relativamente pequeñas, y que su temperatura exterior es del orden de los 6000°C lo cual le confiere el tono blanco amarillento que posee.

El Sol, a diferencia de la Tierra, no tiene una superficie sólida. Por el contrario, está formado por gases calientes, principalmente hidrógeno, seguido por helio.

Su diámetro es, aproximadamente, de 1.390.000 km; o sea, 109 veces el de la Tierra. Si se situara a la Tierra en el centro del Sol, la órbita de la Luna apenas llegaría a la mitad del radio solar.

El volumen del Sol 1.300.000 veces mayor que el de la Tierra, pero su masa es solamente 333.400 veces mayor que la de nuestro planeta. Esto significa que la densidad solar es unas cuatro veces menor que la de la Tierra, o sea 1,4 toneladas por metro cúbico.

La temperatura, la presión y la densidad aumentada a partir de la superficie del Sol para alcanzar en sus centros valores enormes.

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Se calcula que la temperatura en el centro del Sol es del orden de los 15 millones de grados y que la presión se da a 100.000 millones de atmósferas.

La densidad es de unas 135 toneladas por metro cúbico, o sea, 12 veces la del plomo.

Erupción solar. Via:NASA Erupción solar. Via:NASA

Un reactor nuclear

La radiación del Sol sigue produciéndose desde hace miles de millones de años debido a la producción continua de energía en su interior.

A causa de la elevada temperatura, la mayor parte de los electrones se ha separado de los átomos y el gas que forma al Sol está formado por una mezcla de núcleos atómicos, de átomos ionizados y de electrones. Los núcleos atómicos entran en colisión con gran violencia y se producen reacciones nucleares.

El más importante en estos procesos es la reacción protón-protón, en la cual cuatro núcleos de hidrógeno (es decir, protones) se transforman en un núcleo de helio.

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La masa de un núcleo de helio es algo inferior a la de los cuatro protones reunidos, y esta pequeña pérdida de masa se transforma entonces en energía.

Otro proceso nuclear que se produce en el Sol, pero que tiene un papel más importante en la producción de energía en las estrellas más calientes, es el ciclo del carbono.

En el ciclo del carbono, el resultado final es también la transformación del hidrógeno en helio, pero en este caso el carbono participa en la reacción aunque al final del ciclo se regenera.

De modo que, cada segundo, 564 millones de toneladas de hidrógeno del Sol se transforman en 560 millones de toneladas de helio. Las 4 millones de toneladas restantes se transforman en energía radiante que, lentamente, y gracias a una serie de complejos fenómenos, llega a la superficie del Sol y se irradia al exterior.

La mayor parte de esta radiación corresponde a longitudes de onda de la luz visible o a longitudes de onda próximas a ella, pero una pequeña parte se irradia en formas radioeléctricas o en forma de rayos X.

La Tierra recibe menos de la diezmilésima parte de la radiación solar. Esta ínfima parte es suficiente, no obstante, para mantener la temperatura terrestre de 200 a 300° por encima del cero absoluto, temperatura que de otro modo estaría la tierra.

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Aunque el Sol haya hecho y siga haciendo estas reacciones nucleares durante lo que va de sus 5.000 millones de años, la reserva de hidrógeno que alberga es de una magnitud tal que seguirá haciéndolo con la misma intensidad durante un período, como mínimo, similar.

Imágenes reales capturadas por SOHO en agosto del 2011 (NASA)

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