Dinosaurios carnívoros
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Dinosaurios carnívoros

Cuando pensamos en dinosaurios, los que más miedo nos dan son los dinosaurios carnívoros, aunque no todos eran tan agresivos como lo que pensamos. Había dinosaurios que se alimentaban de seres mucho más pequeños que ellos, y otros que eran auténticos depredadores.

Entre los del primer grupo podemos nombrar a los coelophysis, que comían anfibios o lagartos, pasando por cualquier tipo de insecto que se les cruzara. Para poder atacar a estas pequeñas presas, se tenían que valer de su velocidad y agilidad para atraparlos.

Luego teníamos a los que se alimentaban principalmente de peces, que podemos distinguir por un cráneo fosilizado compuesto de mandíbulas largas y estrechas, ya que este tipo de estructura dental no sería el más apropiado para desgarrar carne. Además, algunos dinosaurios, además de tener esta mandíbula perfecta para cazar directamente con la boca, también se ayudaban de unas garras perfectamente dispuestas para atacar desde la orilla a los animales marinos.

Otros eran algo así como pequeños ladrones, como es el caso del oviraptor, un dinosaurio omnívoro que se alimentaba tanto de carne como de plantas. Su nombre, “saqueador de huevos”, se le dedicó por la creencia de que se comía los huevos de otros dinosaurios al ser encontrado junto a unos, pero más tarde se descubrió que en realidad esos huevos eran suyos. De todos modos, aquella teoría sigue en pie.

Y llegamos a mis favoritos. Primero los carroñeros, que se aprovechan del trabajo inacabado de los demás o bien de una muerte que ellos no han provocado. Muchas veces eran mismos depredadores que se sentían cansados para cazar y preferían echar mano de un cadáver antes de ponerse a correr detrás de otro. Uno de los ejemplos es el dilophosaurus, que se encontraba a un dinosaurio muerto por vejez o demás causas naturales o esperaba a que un auténtico depredador se hubiera hartado de hincarle el diente. Estos eran los cazadores de emboscada, donde encuadraríamos a nuestro querido Tyrannosaurus, escondiéndose entre la maleza y saltando sobre una presa descuidada. Si era pequeña, podría ser engullida entera. De ser de gran tamaño, como un triceratops, podría ser mordida hasta la muerte y luego ya disfrutar del banquete.

Y, si el tamaño no te permitía cazar por separado, qué mejor que aliarte con los de tu especie, como los velociraptors o los deinonychus, que saltaban en manada sobre una presa herbívora, la mataban en cuestión de segundos y tenían comida para unos cuantos días. Eran los más salvajes. Esta técnica es usada actualmente por los lobos.

Imagen | SalonHogar

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