Beber cerveza te puede llevar al espacio
Beberte una cerveza, sentado en una terraza ahora que hace buen tiempo, rodeado de tu gente, contando las anécdotas de la semana, no tiene nada de malo, incluso hay quien dice que es aconsejable. Y ahora, además, te puede llevar al espacio.
Este es el objetivo de la famosa marca de cerveza oscura Guiness, que ha seguido con especial interés como se ha iniciado la construcción del primer espaciopuerto y ha reservado un viaje a bordo de uno de los futuros Virgin Galactic spaceliner en honor al 250º aniversario de la marca.
Aún no sabemos en qué consistirá lo que tenga que hacer el que se quiera llevar el trofeo, sin duda querido por más de medio mundo (un servidor quiere enterarse ya, viajar al espacio es uno de los sueños de mi vida), pero lo que sí sabemos es que los viajes turísticos al espacio van a ser más comunes de lo que hasta ahora son. Desde el espaciopuerto de Nuevo México, y también el que se pretende iniciar en Suecia, Virgin Galactic pone a la venta pasajes al módico precio de 200.000 dólares. Los vuelos serán llevados a cabo por dos pilotos e irán seis pasajeros (lo justo para llevar a tu abuela, a tu abuelo, a tu mujer y a tus dos retoños, o las combinaciones que tú quieras).
El concurso, del que no sabemos nada como ya hemos dicho, comenzará el 24 de septiembre, y la marca Guiness comenzará a darlo todo alrededor del mundo, con actos de celebraciones al que podrán acudir los adultos en edad legal para consumir alcohol en cada país. Pero a nosotros lo que nos interesa es el viaje en sí, en el que los agraciados alcanzarán la inolvidable velocidad de 4.023 kilómetros por hora (a ver quien te dice que ha puesto su coche más rápido) y subirán a 109 kilómetros de altura, desde donde tendrán una vista del oscuro Universo y vistas de la Tierra de 1.609 kilómetros en cualquier dirección. Seguro que a ti también te está volviendo a entrar ese gusanillo por el cual querías ser astronauta cuando eras pequeño.
Vía | SPACE
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Basura Espacial
La humanidad hace mucho que se concienció sobre la necesidad de mantener limpia la Tierra, iniciarse en el noble arte del reciclaje, buscar soluciones ecológicas para suministrar energía y, en definitiva, hacer de este mundo algo mejor de lo que sería si no tenemos cuidado. Sin embargo, el espacio seguimos descuidándolo. Es muy grande, ¿no?
Pues no. Bueno, en cierto modo sí, el Universo es extremadamente grande (más de 13 mil millones de años luz de diámetro), pero resulta que nuestros desechos no se esparcen por todo el universo, si no por una pequeña zona sobre nuestro planeta. Es la llamada basura espacial, el resultado de pruebas espaciales desechables, de satélites viejos, de restos de choques, cohetes. Vamos, es como el desguace de tu pueblo, pero en el espacio, aunque generalmente los restos que componen la basura espacial son bastante pequeños. Sin embargo, tienen una velocidad muy alta, lo que supone un riesgo para los satélites actualmente órbita y cada vez más para las misiones espaciales (como podemos recordar en la misión del transbordador Atlantis de reparación del telescopio espacial Hubble, que tenía que tener al Endeavour alerta por si tenían que ir a socorrerles.
Además, la basura espacial es como la entropía del Universo: siempre aumenta, lo cual resulta lógico de deducir si tenemos en cuenta que si algo de basura choca con un satélite y lo destruye, los restos de ese satélite también pasan a la nómina de la basura espacial. Esto es lo que denominamos Síndrome de Kessler.
Además, la basura espacial cuesta millones a nosotros, simples mortales, ya que para paliar en la medida de lo posible los posibles daños ocasionados por estos choques, hay que blindar a conciencia los vehículos espaciales, igual que la Estación Espacial Internacional.
Y si todavía creéis que esto no tiene por qué ser un problema, simplemente hay que recordar que a veces hasta los satélites, con su sistema de navegación, chocan. Imagínense los objetos que no tienen sistema de navegación.
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Transbordadores espaciales
Los transbordadores espaciales actuales (Discovery, Atlantis y Endeavour) son el resultado de años de investigación e innovación tecnológica, después de que se decidiera que la carrera espacial necesitaba vehículos reutilizables tras el Programa Apolo que llevó al hombre a la Luna.
Con esta y otras premisas nacieron los transbordadores, cuyo primer miembro fue el Columbia, enviado al Centro Espacial Kennedy el 25 de marzo de 1979. Más tarde llegaría el Challenger, el Discovery y el Atlantis. Otra de las premisas con las que se entró en el programa de los transbordadores fue la posibilidad de llevar satélites a sus órbitas (bajas) y poder iniciar la construcción de una estación espacial orbitante, que a la postre se convertiría en la estación espacial internacional, ya a punto de terminarse.
Sin embargo, en el año 1986, un trágico accidente segó la vida de los siete tripulantes del Challenger, por lo que se inició la construcción de otro transbordador, el Endeavour. En el año 2003 otro desastre sacudía a la NASA y el transbordador Columbia también se desintegraba, esta vez en su reentrada en la atmósfera, por lo que los tres transbordadores restantes estuvieron parados hasta dos años después, tiempo que se invirtió en aumentar la seguridad de los vehículos espaciales e investigar las causas del accidente.
El transbordador espacial está compuesto de cuatro partes. Una de ellas es el vehículo espacial propiamente dicho, el orbitador, un gran tanque desechable de combustible, que contiene hidrógeno y oxígeno líquidos, que se libera a los 8.5 minutos del lanzamiento, rompiéndose en pedazos que caen al mar… y ahí se quedan, y dos tanques recuperables de combustible sólido, que se desprenden a los dos minutos del despegue, y con un paracaídas caen al mar donde son recogidos por los técnicos.
Los transbordadores, con su atractiva estructura, han sido objeto de importancia en la cultura popular, y han aparecido en películas, como en Armageddon, donde Bruce Willis tenía que salvarnos con un grupo de perforadores de un meteorito que nos iba a liquidar. Sí, científicamente era una patraña, pero ahí estaban los transbordadores, aunque en la película se llamaban Independencia y Libertad. Además, es increíble ver imágenes de los transbordadores volviendo de su viaje hasta casa, después de aterrizar, a lomos de un Boeing 747.
Sin embargo, los transbordadores ya están llegando a su fin, ya que su vida útil era de 100 vuelos cada uno. Su salida de la carrera espacial dará entrada a la nueva nave Orión, más parecida a las del programa Apolo, que se centrará en crear una estación espacial en la Luna para posteriormente tratar de llegar a Marte.
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Una luna de Saturno podría albergar un oceáno
La búsqueda de condiciones habitables dentro de nuestro Sistema Solar sigue siendo de vital importancia para la NASA, que ha anunciado nuevos descubrimientos de su sonda Cassini destinada a Saturno. Ha encontrado sales sódicas en granos de hielo en el anillo más externo del planeta.
Esta sal indica que la luna Encélado, que “rellena” el anillo gracias a sus expulsiones (como si fuera un géiser), podría albergar un oceáno debajo de su superficie. Fue la misma sonda Cassini la que descubrió las eyecciones que Encélado otorgaba al anillo. Algunos de los materiales eyectados conseguían escapar de su campo gravitatorio e iban a caer al último anillo del planeta más atractivo del Sistema Solar.
“Creemos que los minerales salados dentro de Encélado proceden de una roca en el fondo de una capa de agua”, dijo Frank Postberg, ayudante de la misión Cassini desde el Max Planck Institute de Física Nuclear en Alemania.
El agua tiene que estar presente. Eso alegan los científicos que creen que es el único modo posible para disolver la gran cantidad de minerales que habrían compuesto los niveles de sal detectados. El proceso de sublimación, por el cual el vapor es directamente liberado a partir de hielo sólido, no puede darse por la presencia de sal.
Encélado lleva en la órbita de la NASA mucho tiempo, ya que es un satélite que podría cumplir las condiciones para que se diera vida. Antes se creía que habría que esperar a que el Sol comenzara a envejecer, para que su superficie helada se transformara en líquida, pero ahora podría tener un océano debajo de su superficie.
En este gráfico podemos ver cómo cree la NASA que se comporta Encélado:
“Anteriormente teníamos conocimiento de un máximo de tres lugares donde hay actividad volcánica en la actualidad: Io, luna de Júpiter, la Tierra, y posiblemente Tritón, la luna de Neptuno. La Cassini ha demostrado que Encélado puede entrar en este selecto club”.
“Otras lunas en el sistema solar tienen océanos de agua líquida cubiertos por kilómetros de corteza helada. La diferencia aquí es que las bolsas de agua líquida pueden estar a no más de unas cuantas decenas de metros bajo la superficie”
Fuente | ScienceDaily, NASA
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Haumea, el objeto más raro del Sistema Solar
Astrónomos parecen haber llegado a la conclusión de que el planeta enano Haumea, situado en el Cinturón de Kuiper, es el objeto celeste más extraño, que fue descubierto el 28 de diciembre de 2004.
Su forma es parecida a la de un huevo, como podemos observar en la imagen superior, en la que podemos ver también sus dos satélites. Dado que se descubrió en Navidad, fue llamado Santa durante un tiempo hasta que al final se le puso el nombre de Haumea. El planeta, más allá de su extrañeza, podría dar pistas a los astrónomos sobre colisiones estelares y la formación del Cinturón de Kuiper más allá de la órbita de Neptuno.
Cuando los astrónomos comenzaron a estudiar el planeta, se dieron cuenta de que su brillo oscilaba cada dos horas, variando un 25% en ese periodo. Si Haumea hubiera sido redondo, esto significaría que rotaba cada dos horas, lo que le habría partido en dos, así que se pensó que era elongado y que rotaba cada cuatro horas. Es el objeto del Sistema Solar que rota más rápido.
Gracias a esa velocidad de rotación tan alta, la forma de Haumea es tan extraña. Al igual que la Tierra no es una esfera perfecta, este fenómeno se aprecia en Haumea de una forma más explícita.
Además, es el único planeta (enano) del Cinturón de Kuiper que tiene dos satélites, Hi’iaka y Namaka. Se cree que ambos son el resultado de una colisión contra Haumea en los principios del Sistema Solar. Esto da pistas de que en la antigüedad, el Cinturón de Kuiper tenía objetos más grandes que ahora, aunque todavía no han podido dar una explicación de lo que ha pasado con esos objetos.
La forma y composición exacta de Haumea sigue siendo una incógnita para los astrónomos, que si bien saben con certeza que su núcleo es rocoso, no pueden decir con seguridad que esté formado por hierro. Gracias a los eclipses de sus dos satélites, la respuesta a esta pregunta podría estar más cercana, pero aun no tenemos constancia de ella.
Fuente | LiveScience
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